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Chinos y friquis hacen del paseo de Sant Joan el eje comercial más fantástico de Barcelona

  • Foto del escritor: Gastón Gallardo
    Gastón Gallardo
  • 18 feb 2024
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 19 feb 2024




La comunión de chinos y friquis hizo del paseo de Sant Joan el eje comercial más singular de Barcelona. Figuras de Harry Potter a tamaño real, ropa coreana para adolescentes, supermercados exóticos, juegos de mesa, bares de siempre, tapas asiáticas, manualidades, manga... Y una biblioteca masónica que monta talleres de creación de personajes impartidos por dependientes de tiendas de cómics. A veces la ciudad cobra vida propia.


¿Saben que hay turistas sin interés en la Sagrada Família? ni en el Nou Camp, ni en ninguna atracción convencional. Lo que a estos visitantes de toda España y varias esquinas del planeta interesa es hacerse con un juego de mesa local, revisar ediciones de su novela gráfica preferida, participar en combates de espadas láser... y luego comerse una empanadilla japonesa, tomarse un té con tapioca, cenar sushi entre dibujos de ositos y gatitos. Algunos se compran una cabeza de alien, pese a los problemas que ponen las compañías aéreas. Estos días el paseo estrenó luces navideñas de corte manga.


Entre el Arc de Triunf y la plaza de Tetuán solo encontramos un local disponible. El triángulo friqui de Barcelona es hoy día un referente internacional alternativo de un mundillo otrora objeto de collejas y cada día más mainstream. Esta es una historia multidimensional, con un montón de líneas temporales que evolucionaron por su cuenta hasta que...


Zongping Li, de 40 años, de la provincia china de Fujian, dice en el restaurante también de estilo manga Okinawa que hasta hace poco trabajaba como dependienta en una de tantas tiendas de ropa al por mayor regentadas por asiáticos que tanto pululaban por aquí. “Pero las trasladaron a los polígonos de Badalona –prosigue–, porque trabajar allí era más cómodo y barato. Y yo no quería irme de mi barrio, de Fort Pienc. En cuanto tuvimos la oportunidad montamos este restaurante. A mi marido le encanta el sushi, y aprendió de un gran maestro, y a la gente que viene al paseo de compras también. Por eso decoramos el restaurante en plan manga”.

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